Silvana Estrada, un concierto para la memoria alamense
La música de Silvana Estrada está hecha para vivirla y luego, ya, reflexionar. Hay una razón poética, diría la filósofa María Zambrano, donde se destruye la eterna dicotomía entre los sentimientos y la razón, como si Estrada hubiera, de forma orgánica y natural, resuelto ese conflicto antediluviano con un requinto tocado con su guitarra de son jarocho.
Silvana hace suyo el escenario y crea con el público un vínculo que va más allá de las lógicas del espectáculo, de la inmediatez y de las dinámicas del hiperconsumismo. Por contra, cada canción suya es una obra reposada en el tiempo, surgida de su alma.
Su padre fue laudero en su natal Veracruz, entonces la música le corre de familia por las venas. Heredó esa paciencia de la reparación de los instrumentos de cuerda, de fluir con el paso del tiempo sin la necesidad de artificios acelerados, su música refleja eso. Bien podría ser un personaje de Perfect Days de Wim Wenders —no en vano una de sus películas favoritas— donde hay una apología a otro ritmo de vida, una resistencia silenciosa a las dinámicas aceleradas de la vida moderna.
“Es el único proceso en el que logro ser feliz, entonces nunca me lo he planteado racionalmente, a mí me trae mucha felicidad manejarme de la forma más justa, generosa con mi entorno y conmigo misma. Surgen maneras de hacer y de ser, el capitalismo y la hiperproductividad, es fácil entrar en una dinámica de producir y producir, pero yo creo más en la naturaleza, en los tiempos de la tierra, y esa es la manera en la que hago las cosas”, relata la cantautora.
Hay una pulsión poética en las letras de Estrada, una musicalidad en sus versos al alcance de muy pocos autoras o autores. Y uno de los hilos conductores de esas letras es el amor. Finalmente, México y su extrema riqueza cultural debe ser uno de los países que más canciones le dedica al amor y, sobre todo, al desamor. Sin embargo, no se puede negar que esos cantos e himnos suelen ser dramatizaciones de un amor trágico y en muchos casos, tóxico; esta idealización del amor romántico al que, sin advertirlo, lo atraviesan visiones machistas y tóxicas. Ahí es donde Silvana ha venido a subvertir, desde su raíz, la narrativa de la música mexicana.
“El amor es la única manera de vincularnos con la realidad, trato de que podamos repensar cómo queremos ser amadas y amados para construir una realidad más noble. Yo creo que todo es político, cada decisión, en el momento en que empiezas a vivir conscientemente la vida es política, lo que escribes y lo que dices y lo que no escribes y no dices tiene una injerencia en la vida. Yo creo que lo que hago es narrar la realidad que necesito para entender el mundo”.
Su voz suena como un murmullo, tiene esa virtud de que puede servir como una canción de cuna que nos adormece para entrar al mundo onírico o bien, ser una canción de protesta que nos llama a la acción. Fuimos testigos de un concierto único e irrepetible de una de las artistas más importantes de la época.
El FAOT es un festival musical organizado por el Gobierno del Estado de Sonora a través de la Secretaría de Educación y Cultura y el Instituto Sonorense de Cultura. Puedes consultar todas las actividades del FAOT en isc.sonora.edu.mx y en redes sociales a través de @iscsonora.