Lo primero que me sedujo en la poesía de María Enriqueta fue su singularidad: la integración sencilla de Dios en una poesía cotidiana, la presencia de una cosmovisión tzotzil que no me distanciaba sino que me hacía muy cercana la lectura, la atracción simbólica de las imágenes de sus poemas, rompía a pedazos la invisibilidad impuesta al pueblo de Chiapas, a sus lenguas indígenas, a la experiencia cotidiana de las mujeres, y lo hacía con imágenes inesperadas: los largos cabellos, el maíz con orejas de conejo, la espera de la luna y su mensaje, el juego de nahuales…

Carlos Torner

 

 

YI ‘ BELTAK CH ‘ ULELALETIK Raíces del alma – Enriqueta Lunez
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