En la eterna búsqueda de sus raíces, el hombre trata de vencer a su más despiadado enemigo, aquél que no solo destruye su obra material sino también su ser, aquél que no respeta la fresca belleza de su inocente juventud ni el entusiasmo de sus ardientes sueños. Todo pasa porque todo aniquila el tiempo y recordar, reconstruir el pasado, es algo así como vencer el tiempo, es también soñar que el tiempo no ha tenido el tiempo de vencerlo todo.

La construcción de una sociedad, la de sonora en nuestro caso, es el producto de la obra de todos y cada uno de sus integrantes por modesto que sea. Ignacio Zúñiga, un sonorense que para la mayoría de nuestros ciudadanos resulta desconocido, fue uno de aquellos hombres que en el nacimiento de nuestra independencia y en los primeros años de la existencia del Estado de Sonora, contribuyó con su trabajo físico e intelectual al engrandecimiento de su patria chica. El Gobierno del Estado de Sonora, el reeditar su obra, contribuye no solo a rescatarla del olvido sino que rinde un homenaje a todos aquellos que en el transcurso del tiempo, han aportado su piedra para construir el edificio que es ahora el Estado de Sonora.

Hermosillo, Sonora, febrero de 1985.

Rápida ojeada al estado de Sonora (1835) – Ignacio Zúñiga
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