Pilares es, desde hace unos años, un pueblo fantasma. Un día, la caída del precio internacional del cobre paralizó a la mina, hubo una avalancha de despidos, y las familias comenzaron a emigrar a otras ciudades de Sonora en busca de trabajo.
Tenían la esperanza de volver pronto y dejaron sus hogares como si fueran a reocuparlos en unos días. La realidad económica no se los permitió y comenzaron a llevarse poco a poco sus pertenencias.

Pilares, sus años de ensueño
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