Para escribir se debe tener la certeza de que algo importante hay que decir. La importancia estriba en el tema que se elija para compartirlo con el posible lector. Esa imagen aterradora, sutil, edificante, que un día se anidó en el pensamiento. Y ahora, a través de la palabra, se quiere y se necesita echar a andar. El punto de partida es la creación. Cuando se mira la hoja en blanco, se está mirando de manera previa el horizonte que un día nos sorprendió en el camino. Ese punto de luz fecunda entonces la idea, el deseo: escribir para contarlo. En Nueva Narrativa Caborquense, el atisbo a la lectura es un trago que se bebe despacio. La alquimia con que se prepara el brebaje de estas páginas, contienen las más impulsivas combinaciones: un joven, una muchacha, el otro aquel experimentando lector que comparte el quehacer con los que se aferran al oficio de escribir. Algo tiene el desierto, y puede ser cualquier cosa, excepto el vacío. Este libro es ejemplo de ello. La garra con que cada uno de los autores defiende lo que dice refrenda la potencia de quienes nacieron en este mundo agreste que paradójicamente es valle y en él florecen las nuevas plumas. Plumas que desde ahora se inscriben en la historia de la literatura sonorense. Con dignidad. La frente en alto. ¿Qué otra cosa puede ser el artista, el escritor, si no la posibilidad de mirarse, cavilar y reaccionar? Escribir para que no le coma la vida su propia lengua. Apreciable lector: sírvase a su gusto.

Carlos Sánchez

Nueva narrativa caborquense (PES 2017-2018)
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